Separar el grano de la paja, de Montse Castellà

Separar el grano de la paja

Actualmente estamos inmersos en un cambio profundo de paradigmas, pasando de una visión fragmentaria y jerárquica a una visión circular y horizontal, holística e integradora de la realidad, en la que todo está interrelacionado y es interdependiente.
Hoy día, la mayoría de tradiciones religiosas se ven obligadas a tener que afrontar esta nueva etapa de la evolución de la conciencia humana. Esto puede representar grandes retos, pues para que una tradición religiosa se mantenga viva, y siga siendo fuente de inspiración, debe ser flexible y capaz de adaptarse a la época en la que se encuentra. Tiene que haber una disposición para transformar lo que es cultural y para preservar lo esencial, separar el grano de la paja.
Uno de los aspectos culturales a tener más en cuenta en la reconstrucción de las religiones es el hecho de que la mayoría de ellas se han originado bajo la influencia de un contexto sociocultural fuertemente patriarcal: los hombres en el centro y las mujeres, así como la naturaleza, en la periferia. En consecuencia, tanto la interpretación de las religiones, como la mayor parte de la documentación historiográfica existente, tanto occidental como oriental, está fundamentada en una visión androcéntrica. Los textos y liturgias han sido escritos por hombres y dirigidos a hombres; cualquier referencia a las mujeres suele ser como objeto y no como sujeto. Por lo tanto, su visión y experiencia ha sido, en gran medida, excluida y silenciada desde siempre.
En este sentido, cabe destacar el valioso trabajo de reconstrucción que llevan a cabo las teólogas feministas cristianas desde hace décadas, y que constituye un referente inspirador para muchas otras tradiciones. Sin embargo, el hecho de que las mujeres hayan sido siempre relegadas a la periferia del poder puede generar el peligro de que su aportación también se mantenga al margen, sin posibilidad de ser integrada, y por tanto no se produzca un cambio real. Por este motivo, es importante que los hombres asuman su parte de responsabilidad en la co-creación de un modelo más amplio e inclusivo de género y, por lo menos, que se comprometan a respetar los derechos fundamentales de las mujeres como seres humanos.
En cuanto a la preservación y transmisión de lo que realmente es esencial, simplemente tenemos que volver a los orígenes de las religiones y abrazar el legado de sabiduría de las tradiciones más antiguas de la humanidad. Esta percepción más amplia de la realidad -inclusiva, integradora, interdependiente y holísitca- que actualmente requiere impregnar todos los ámbitos de la sociedad, la encontramos en las cosmovisiones del taoísmo, hinduismo y budismo, pero también en la dimensión mística y espiritual del cristianismo, el judaísmo y el islam, así como en las culturas indígenas.
Separar el grano de la paja requiere la humildad de reconocer que los envoltorios imprescindibles durante una época dejan de serlo en otra. Desnudarse, desaferrar de todo aquello que quizás ha vertebrado tu experiencia y te ha permitido tener una identidad. Pero recordemos que las tradiciones espirituales no son sino medios para reconocer lo que realmente somos, y nuestra verdadera naturaleza no es la identidad religiosa. Sólo llegando al corazón de las religiones podremos encontrar el verdadero tesoro que nos aportan. La paja ha servido para proteger el grano, para nutrir, pero llegado el momento de madurez, hay que dejar que germine.
Montse Castellà
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