Arte dhármico

Nuestra comisión ha empezado su camino reflexionando sobre qué es el arte dhármico, basándonos en el libro de Chögyam Trungpa Dharma, arte y percepción visual. En este resumen compartimos varias propuestas de definición o caracterización que nos han sido útiles.

El arte dhármico es un estado creativo que surge de la mente en meditación. Es la intersección entre arte y espiritualidad. Es, pues, un trabajo con la propia mente.

Es un estado lúcido, de claridad, de apertura, y la creatividad se alimenta de este espacio. Es también un estado de conexión con las emociones, los sentimientos y la propia esencia.

En el arte dhármico, el espacio interior y el exterior están en interacción, en interconexión lúcida.

La creación en el arte dhármico no emite juicios y no tiene la presión del reconocimiento público. Es un proceso auténtico e individual.

El arte dhármico nos acerca a una visión y experiencia artísticas de la vida cotidiana, nos ayuda a apreciar las cosas tal como son.

En el arte dhármico la acción es una no-acción, porque no es proyectada por un ego. El arte dhármico ayuda a estar en el aquí y el ahora, más allá del juicio.

Consideramos que en el mundo del arte el ego tiene mucha importancia y que es un mundo dual (yo-espectador). Es difícil romper esta dualidad sin hacer un trabajo espiritual. Necesitamos la base de la espiritualidad para poder funcionar sin el ego en la creación artística.

El arte hecho desde un estado meditativo puede ser sanador y puede transformar la consciencia del artista y del espectador.

El propósito principal del arte dhármico es llegar a comprender la vida y el arte. Si no somos los dueños de nuestra vida, no podemos tener un arte propio, por lo que debemos abordar la cuestión de la vida, que es la misma que la del arte.

El arte dhármico implica relacionarse con elegancia con uno mismo y con el mundo de los fenómenos. La elegancia conlleva ausencia de agresión, cordialidad, inspiración. Es una actitud de alegría fundamental.

Chögyam Trungpa dijo que el arte y la espiritualidad son caminos hacia la trascendencia de la agresión. La agresión actúa como un grueso velo que nos impide ver el funcionamiento preciso del simbolismo absoluto, y tampoco el simbolismo relativo. Según el método tradicional, el único remedio posible es la entrega. Tenemos que soltarnos para fundirnos completamente con las situaciones de la vida, sus expresiones, su despliegue multicolor. Para llegar al simbolismo incondicional tenemos que aprender a reconocer el espacio vacío que hay en nuestra mente, libre de puntos de referencia, y proyectarnos en él.