Investigación sobre la sabiduría femenina

Los objetivos de nuestra comisión son los siguientes:

A) Señalar las características femeninas que debemos recuperar para evolucionar como seres humanos.

B) Reivindicar la sabiduría femenina ancestral expresada en sus vidas y en sus textos y libros a través de tres tipologías de mujeres: las mujeres en general (y su influencia en la civilización); las mujeres sabias como representantes de un conocimiento femenino que se ha transmitido oralmente de madres a hijas; las mujeres místicas de todas las religiones.

Nuestra comisión ha estado reflexionando sobre estas cuestiones, profundizando en especial en las dificultades que tiene la sabiduría femenina para hacerse visible y ser valorada en el interior de estructuras patriarcales milenarias.

Según nuestro punto de vista, las mujeres están inmersas en una historia que no reconoce los valores propios de lo femenino. A saber: el valor del cuidado, el acogimiento y la hospitalidad; la compasión; la creatividad que comporta vivir cada día al lado de las necesidades de la vida, la enfermedad y la muerte; la relación y la sociabilidad.

Atestiguamos la dificultad que comporta pensarnos y repensarnos con un lenguaje que no nos es propio y que está contaminado por las relaciones de poder características del tipo de relaciones que se esperan en una sociedad patriarcal: relaciones de dominio, de sometimiento del otro, de fuerza, de competitividad.

Por otro lado, creemos que los textos que podrían abrir caminos de autoconocimiento, como el del budismo en Oriente o el del psicoanálisis en Occidente (al menos en sus inicios), están atravesados por un sesgo patriarcal. En el caso del budismo, el propio Buda dudaba de la capacidad de las mujeres para encontrar la Verdad, y los textos que han prevalecido en el mundo institucional budista, a pesar de que existen también relatos que confirman lo contrario, continúan reafirmando este estereotipo de género. Así, el budismo, aun reconociendo las trampas del ego, parece ciego al hecho de que el apego a la condición masculina a través del orgullo y el menosprecio de los otros seres es una de las manifestaciones más destructivas del ego.

Pensamos que el mundo patriarcal, de acuerdo con las investigaciones psicoanalistas posteriores a Freud, probablemente se ha establecido por una envidia de la capacidad femenina para crear, en su sentido más literal. Así, parece que destruye por envidia (y por celos) lo que por su inmadurez aún no es capaz de entender: el valor de la vida y la necesidad de ser dos, masculino y femenino, para sostenerla. Es por esto que, una vez ocultada a través de la fuerza la causa de su debilidad –la envidia—, tiene que mentir (y autoengañarse) y castigar a todo aquel que (o lo que) sea una expresión de esta vida en su evolución. De ahí lo que está latente en la violencia masculina: “si no puedo dar la vida, al menos la puedo destruir…”.

Ante esta situación, nos planteamos hacer la investigación en positivo para saber qué se ha destruido, o qué existía o existe que no está suficientemente valorado. O qué virtudes hay que cultivar (y ver qué dificultades conlleva), y cómo ejercitarlas. O qué artes o habilidades abren nuevos caminos.

Tenemos la intención de trabajar y leer el Buda, el Dharma y la Sangha en femenino, en especial la Sangha.

Nuestro próximo objetivo es el análisis en profundidad de capítulos escogidos de El budismo después del patriarcado, de Rita Gross, y El mito de la diosa, de Anne Baring y Jules Cashford.