Investigación sobre la sabiduría femenina

 

En los dos encuentros que ha habido de la comisión de Sabiduría Femenina, se ha comentado especialmente el capítulo “Nuevas consideraciones andróginas a la hora de verbalizar el Dharma”, del libro de Rita Gross El budismo después del patriarcado. Historia, análisis y reconstrucción feminista del budismo.

En el primer encuentro el diálogo se centró en los puntos siguientes:

– El triple refugio (Buda, Dharma y Sangha) es la entrada a una esencia.

– El Dharma y, por tanto, el estado de liberación, está más allá del género y de las palabras. Las palabras son medios hábiles (upaya), pero no son la sabiduría intuitiva no verbal (prajna).

– La rigidez de los roles de género es un obstáculo para la totalidad de la experiencia humana. Para una necesaria reconceptualización del budismo habrá que tener en cuenta la voz de las yoguinis.

– Para realizar esta reconceptualización habrá que tener presente la estrecha relación que hay entre la vida doméstica o comunitaria y la espiritual, ya que en muchas formulaciones clásicas del budismo se considera la vida comunitaria y sobre todo la doméstica como irrelevantes o antitéticas a la espiritual.

– En esta nueva visión, la Sangha ocupa un lugar tan importante como el Buda y el Dharma. La Sangha sería así un refugio o espacio de relación sin apego que permitiría la intercomunicación y que constituiría la matriz esencial del Buda y el Dharma. Sin una buena salud (compasión, no juicio, no interpelación) en la Sangha, es difícil que las personas alcancen los otros refugios.

– El entorno mahayana defiende el valor de la amistad y la compañía por encima de la soledad y el alejamiento del mundo. El bienestar psicológico en una atmósfera acogedora es importante para la espiritualidad. Dentro de la Sangha puede darse un ocuparse de, un cuidar de.


En el segundo encuentro, el diálogo se centró en las siguientes reflexiones:

Hasta ahora, dentro del budismo –aunque también en la filosofía occidental de sesgo patriarcal (sesgo del que se salvan las aportaciones realizadas en el siglo XX por Hannah Arendt desde la teoría política, o por Simone Weil desde la filosofía, y, más recientemente, por Luce Irigaray y la Comunidad Diotima de Italia: Luisa Muraro, Lia Cigarini, Diana Sartori, Chiara Zamboni, Wanda Tommasi, etc.)– ha habido más preocupación por la muerte que por la vida. En el budismo postpatriarcal, en cambio, la disciplina espiritual se centra más en la integridad y el equilibrio, la tranquilidad y la paz profundas, el desarrollo de la sensibilidad para comunicarse y hacer el bien a las otras personas, y no en sentir la presencia de otras dimensiones, siendo esto último un incentivo adicional. “Convertirnos en personas cabales, vivir en comunidad con cada una/o y con nuestra tierra es experimentar la libertad dentro del mundo, y esa es la meta que comparten el feminismo y el budismo (después del patriarcado).”
A partir de la lectura de Rita Gross, la comisión se ha propuesto reflexionar sobre qué tipo de experiencias, formación o diálogo pueden llevarse a cabo para que los practicantes budistas de ambos géneros adquieran mayor conciencia de sus roles y sus determinaciones culturales en su experiencia cotidiana y, ayudados por la práctica espiritual, puedan evitar el dualismo entre la práctica espiritual y la vida cotidiana.