Mujeres budistas y transformación social

Desde la década los sesenta, el interés por el budismo ha crecido de manera exponencial en todo el mundo. Grandes maestros budistas han facilitado este hecho, junto con nuevas investigaciones y publicaciones sobre budismo en idiomas modernos, Internet, el crecimiento de destacados centros educativos sobre budismo y una gran cantidad de brillantes actividades budistas de servicio social. Especialmente en los países occidentales, las enseñanzas del Buda sobre paz, compasión, ética y psicología humana han tenido un impacto significativo. Esta nueva ola de interés en el budismo ha coincidido con nuevas oportunidades educativas y profesionales para las mujeres y una creciente conciencia sobre las capacidades y el potencial de las mujeres. La atención sobre la cuestión de las mujeres dentro del budismo ha crecido enormemente. A pesar de todo, muchas mujeres siguen sin tener acceso a una educación budista y todavía no están  representadas de un modo equitativo en las instituciones budistas. Pese a que el Buda enseñó el camino hacia la liberación para el beneficio de todos los seres, en muchas tradiciones budistas el reconocimiento pleno y la igualdad de oportunidades aún no se han extendido a las mujeres.

A medida en que el mundo progresa en ciencia y tecnología, es dolorosamente obvio que muchas áreas del desarrollo humano no llevan dicho avance al mismo ritmo. Nos podemos comunicar a cualquier lugar del planeta en fracción de segundos y difundir información a millones de personas con un clic del ratón del ordenador, pero las personas todavía son esclavas de las mismas emociones negativas que han plagado a la humanidad durante millones de años. La guerra y la corrupción continúan haciendo estragos, la codicia y el odio prolongan brutales estrategias para controlar a otros y a sus recursos. Tristemente, nos hemos vuelto más hábiles en matar y engañar a un gran número de personas con menos esfuerzo que antes. Hoy en día, hay más seres humanos viviendo en esclavitud que en cualquier otro momento de la historia. Niños de seis años se venden en el comercio sexual, incluyendo a muchos niños budistas. La escasez de necesidades básicas como comida y agua afecta a millones de personas, mientras que una pequeña fracción acumula una riqueza obscena. Virtudes como la bondad y la compasión parecen ser escasas.

Tal como el Buda enseñó, necesitamos reconocer y eliminar las fuentes del sufrimiento: la codicia, el odio y la ignorancia. Si podemos hacer frente a la raíz de estos problemas, como individuos y como sociedad, tendremos una gran oportunidad para transformar el mundo y cambiar el curso de la historia. Sin embargo, la codicia, el odio y la ignorancia no van a desaparecer solos sin que hagamos algún esfuerzo. Necesitamos las enseñanzas y los maestros para explicarlas, pero quizás necesitamos aún más ejemplos vivientes de personas que modelen los valores budistas y que puedan servir como fuentes de inspiración para los demás. Necesitamos más maestros budistas cualificados que hayan desarrollado un corazón compasivo, una profunda sabiduría y los métodos hábiles para motivar a otros en el camino.

Aquí es cuando las mujeres budistas entran en acción. Para que la humanidad sobreviva, vamos a necesitar toda la ayuda que podamos. No podemos permitirnos desperdiciar la mitad de nuestros valiosos recursos humanos mientras ignoramos o devaluamos el potencial espiritual de la mujer. Como la mujer constituye la mitad de la población del planeta, necesitamos su ayuda para hacer frente a los serios problemas que afectan a la humanidad hoy en día. Con la igualdad de acceso a las enseñanzas de liberación del Buda, las mujeres pueden compartir la responsabilidad de la transformación global.

Como mujeres, debemos tomar la responsabilidad con seriedad. El mayor significado que podemos dar a nuestras vidas es el de trabajar para que todos los seres se liberen del sufrimiento. Una vez que generemos esta aspiración pura y perfecta, la bodhicitta, procederemos paso a paso hacia un despertar perfecto. Todos los seres, hombres y mujeres, tienen este excelente potencial. Uno de mis profesores tibetanos decía: “La única diferencia entre nosotros y el Buda Shakyamuni es que nosotros somos perezosos”. Puesto que la vida es corta, necesitamos trabajar arduamente para realizar nuestro potencial sin demora.

El alivio del sufrimiento del mundo no tiene que esperar hasta que estemos perfectamente despiertas, claro está. Cada acción compasiva es una práctica de bodhisattva. Nuestra actividad de bodhisattva empieza en nuestra propia familia, con nuestros vecinos y en el trabajo. Desde ahí, gradualmente la extenderemos para el beneficio de los seres dondequiera que estén. Cualquiera que sea la forma que tome su actividad social, los budistas necesitan afrontar con urgencia los enormes problemas que aquejan nuestro mundo. Abordar la injusticia de género es uno de los asuntos más críticos a los que nos enfrentamos.

Las Naciones Unidas ha documentado que el 60% del trabajo del mundo es realizado por las mujeres, aunque a menudo no son compensadas. Entre sus muchas contribuciones, las mujeres trabajan duro para criar niños éticos y compasivos, además de ser cuidadoras ejemplares para la gente mayor; sin embargo, su compasión y generosidad son infravaloradas. La pobreza, el tráfico sexual, la violencia doméstica y otros males afectan a la mujer desmesuradamente; por eso los budistas que se dedican al alivio del sufrimiento necesitan abrir los ojos ante estos problemas.

Las mujeres están desarrollando la confianza de aprender y aplicar las enseñanzas del Buda aquí y ahora. Podemos tomar inspiración de grandes practicantes, pasados y presentes, tanto de mujeres como de hombres. Hoy en día, un movimiento global, dirigido por Sakyadhita International Association of Buddhist Women, inspira y alienta a las mujeres budistas a trabajar juntas para optimizar nuestro potencial para el despertar. ¿Cómo pueden los budistas ir más allá de las actividades de bienestar social para erradicar la raíz de la injusticia social?

La vida humana es preciosa y fugaz. Sacando el máximo provecho de cada momento y trabajando juntos, el futuro puede ser muy brillante. Las mujeres tienen la clave de esta ecuación. Con un poco de aliento, las mujeres budistas definitivamente tienen el poder de transformar el mundo.

Ven. Karma Lekshe Tsomo