LA ILUMINACIÓN FEMENINA, de Gelek Rimpoché

Aunque solemos asociar la iluminación con imágenes masculinas, bien sean budas, maestros o deidades, el despertar de la mente se manifiesta tanto en el hombre como en la mujer. A lo largo de este artículo, Gelek Rimpoché explica que la iluminación sólo es posible cuando ambas energías masculina y femenina están totalmente presentes. Y a su vez, nos enseña algunas prácticas de Tara para atraer la energía femenina a nuestras vidas.

Tara Blanca. Tíbet, siglo XI, Linaje Gelug. Pigmentos minerales y oro fino sobre algodón. Museo de Arte Rubin, número de catálogo: 51 | www.himalayanart.org

Hace poco, tuve la oportunidad de dar una charla en el Museo de Arte Rubin de Nueva York, con motivo de la exposición Budas Femeninos: Mujeres Iluminadas en el Arte del Himalaya (Female Buddhas: Women of Enlightenment in Himalayan Art). Me alegro de haber podido contemplar esta muestra que, si no me equivoco, ha sido la primera en centrarse en la iluminación de la mujer. Hace tiempo que era necesario llevar a cabo una exposición de este tipo y le estoy muy agradecido al museo por habernos mostrado algo tan maravilloso. No obstante, resulta curioso que el título de la exposición fuera «Budas Femeninos». En realidad, el término «buda» puede hacer referencia tanto a figuras masculinas como femeninas. Así que este hecho demuestra que, si no se incluye una aclaración al utilizar dicha palabra, la mayor parte de la gente da por supuesto que se trata de un hombre. Esto forma parte de nuestro bagaje cultural.

El budismo surgió en Oriente y ha sido parte de su cultura durante más de 2500 años. Una cultura que ha girado en torno a la figura masculina desde los tiempos de Buda hasta el Tíbet en el que yo me crié. Sin embargo, el Occidente de hoy en día dista mucho de la cultura tradicional asiática y, desde mi punto de vista, resulta evidente que en estos tiempos debemos hacer mayor hincapié en el principio femenino. Vivimos en una época en la que la igualdad entre hombres y mujeres es cada vez mayor. Si no somos capaces de sacar provecho a esta situación para desarrollar los aspectos femeninos tanto del budismo como de nuestra naturaleza humana, habremos perdido una gran oportunidad.

Lo cierto es que el privilegio de los hombres practicantes no se originó en el Tíbet. De hecho, podemos observar este mismo sesgo por toda la India y Asia. Este es el bagaje cultural del que hablaba y que no tiene nada que ver con la auténtica esencia del budismo. Porque en lo que respecta a la práctica espiritual, las mujeres tienen el mismo potencial que los hombres. Ha llegado el momento de que nuestra tradición refleje esta realidad, de que se reconozca y se corrija el desequilibrio. No hay motivo para que continuemos cargando con una herencia cultural que ni encaja con los objetivos de nuestros tiempos, ni posee ningún valor espiritual en particular. Necesitamos hacer algo más que honrar la feminidad como principio: debemos alentar y apoyar a las mujeres practicantes.

En el budismo tibetano, Buda Shakyamuni es el buda histórico u oficial, pero también reconocemos la existencia de un incontable número de budas y otros seres iluminados entre los que se encuentra Tara, deidad femenina iluminada. Esta es una de las razones por las que últimamente he estado organizando ceremonias de bendición de Tara en distintas partes del país. De hecho, existe una larga tradición de ritos de bendición en el Tíbet. No es algo que yo me haya inventado: se denominan gom lung y son una mezcla de meditación y transmisión oral. Llevo a cabo este tipo de actos con la esperanza de que sirva para llamar la atención sobre la importancia la presencia femenina iluminada. Quizás no sea la persona más indicada para esta labor porque, en el fondo, es importante que sean las mujeres quienes lo hagan. No obstante, siento que puedo ser de ayuda prestando mi apoyo, sobre todo teniendo en cuenta mi experiencia y mi formación en el antiguo Tíbet.

 ¿Quién es Tara?

Tara, es su nombre en sánscrito y significa «aquella que libera», aunque también es conocida como «madre de todos y todas las budas». Está especialmente asociada a la longevidad y la sabiduría. Además, al ser una manifestación femenina de la energía iluminada, se dice que acude en nuestra ayuda con prontitud y fuerza.

 Es posible encontrarla en prácticamente todas las culturas de Asia Oriental: en China la llaman Kuan Yin; en Japón, Kannon y en el Tíbet nos referimos a ella como Drolma. Del mismo modo, en Occidente también existe la figura de la Virgen María, cuyo amor y compasión sin límites son cualidades que se asemejan en gran medida a las de Tara. Esto quiere decir que la mayor parte de las personas están familiarizadas con alguien como Tara y las cualidades que representa. Quizás su apariencia o su nombre puedan ser distintos dependiendo del lugar, pero este hecho sólo demuestra cuán popular y necesaria es, pues todas las personas reconocemos la necesidad de recibir afecto y compasión.

Entonces, ¿de dónde procede Tara?, ¿qué es exactamente?, ¿cómo actúa? Existen multitud de historias de distintos maestros, pero la fuente más fiable y comúnmente aceptada es El Origen del Tantra de Tara, escrito por Taranatha a principios del siglo XVII. Según este texto, Avalokiteshvara, boddhisatva de la compasión, estaba muy ocupado ayudando a los seres. Pero en cierto momento, se vio casi desbordado a causa de la magnitud de su tarea y el sufrimiento que estos estaban experimentando. Se dice que llegó a estar tan preocupado que comenzó a llorar y dijo: «Necesito ayuda». Entonces, se secó las lágrimas y, al sacudir su mano, una de ellas salió despedida. En ese momento, Tara se le apareció y le dijo: «Estoy aquí para ayudarte».

También se dice que, en realidad, Tara era un ser humano que trabajó en su desarrollo personal tal y como hizo Buda Shakyamuni. Entonces, comprometida a ayudar a todos los seres como bodhisattva, pudo elegir de qué forma renacería: decidió permanecer siempre en un cuerpo de mujer.

Vajrayogini (Tradición Naropa). Este del Tíbet, siglo XIX, Sakya, Ngor (Sakya) y linajes budistas. Pigmentos minerales sobre algodón. Museo de Arte Rubin, número de catálogo: 290 | www.himalayanart.org   

La importancia de la energía femenina

¿Por qué tomó Tara esta decisión? Lo hizo debido a la importancia de la energía femenina y al hecho de que muchas culturas tratan a la mujer como un ser imperfecto, a pesar de que sea tan capaz de iluminarse como lo es un hombre. En algún momento de la historia se decidió que el cuerpo femenino era inferior; es triste, pero era la forma de pensar de aquellas sociedades. Por eso Tara eligió seguir siendo mujer y obrar como ser femenino iluminado.     

Este hecho clave nos transmite dos mensajes distintos: el primero de ellos es que las personas compasivas no huyen de las dificultades y el segundo, que los problemas de los seres humanos sólo podemos resolverlos los seres humanos. Ningún dios bajará del cielo para iluminarnos. Debemos de hacerlo por nuestra cuenta. Este es el motivo por el que Buda dijo que somos nuestros propios responsables. Por ejemplo, creo que los problemas del Tíbet deben ser resueltos por la gente del Tíbet; los demás sólo pueden ayudar. Del mismo modo, los problemas de los hombres deben resolverlos los hombres; las mujeres sólo pueden ayudar. Y los problemas de las mujeres, sólo pueden ser resueltos por mujeres; los hombres sólo pueden ayudar.

El budismo tibetano reconoce que para alcanzar la iluminación se necesitan ambos aspectos, el femenino y el masculino; es decir, sabiduría y compasión, a los cuales nos referimos en algunas ocasiones como sabiduría y método. Esto se explica de la siguiente manera:

La sabiduría es la capacidad de comprender la vacuidad. Está conectada al aspecto femenino porque es la esencia de la realidad y, por tanto, la base o la madre de todo. Como dice el Sutra del Corazón, «la forma es el vacío y el vacío es la forma». En otras palabras: no existe forma o realidad que no sea la vacuidad. De acuerdo con esta premisa, cuando hablamos de la sabiduría como un aspecto más de la iluminación, la estamos asociando al principio femenino.

Por tanto, así como un niño no puede ser engendrado sin una madre, la compasión sin sabiduría, no importa cuán fuerte sea la primera, no será suficiente para engendrar la iluminación.

Deidades femeninas

El aspecto femenino de la iluminación está representado por deidades femeninas, así que es posible ver imágenes de mujeres en cada uno de los niveles del arte tibetano. Existen formas pacíficas como Tara, semiairadas como Vajrayogini y airadas como la protectora Palden Lhamo. Cada una de ellas cuenta con un homólogo masculino, pues tanto el aspecto masculino como el femenino son imprescindibles para iluminarse. De hecho, ambos son necesarios a lo largo del camino espiritual, porque la unión de las energías masculina y femenina es la clave para nuestra total libertad espiritual. Si falta uno de estos aspectos, no hay iluminación: no hay unión de la sabiduría y el método, de la luz clara y el cuerpo ilusorio, de la mente y el cuerpo.

También podemos ver esta misma combinación de energías durante el período de acumulación del mérito, del cual existen dos tipos: el mérito de la sabiduría, que desarrolla la mente de un buda, y el mérito del método o actos de compasión, que desarrolla su cuerpo. Una vez alcanzada la iluminación, esta distinción dualista entre cuerpo y mente deja de existir. Se podría decir que ambos comienzan a funcionar en la misma frecuencia. Pero hasta entonces, los dos son necesarios y deben desarrollarse por igual. En definitiva, la compasión y la sabiduría, que dependen de los elementos masculino y femenino, son la base de nuestro trabajo espiritual y también determinan su resultado final.

Es cierto que, si nos fijamos en las prácticas budistas tal y como se han venido desarrollando, éstas parecen favorecer a los practicantes masculinos. Pero, como he comentado antes, se debe a que dicho desarrollo se ha producido en una cultura dominada por el hombre (sin ir más lejos, en tibetano, la palabra mujer significa «nacimiento inferior»). De hecho, en el budismo tibetano, también las deidades masculinas han recibido más atención que las femeninas, a pesar de que la práctica de ambas se considerase imprescindible para la iluminación. Las deidades femeninas como Vajrayogini se mantenían en secreto en los monasterios, con el fin de evitar que los monjes meditasen en torno a imágenes de hermosas figuras femeninas. Teniendo en cuenta que yo también he sido monje, ¡soy consciente de que esto podría haber supuesto una distracción! Digamos que la mayor parte de las deidades eran hombres para ayudar a que se mantuvieran los votos monásticos.

ShriDevi, MagzorGyalmo. China, siglo XIX, Linaje Gelug. Pigmentos minerales sobre algodón. Museo de Arte Rubin, número de catálogo: 441 | www.himalayanart.org


Tres prácticas de Tara

Antes de nada, es importante comprender que Tara es una buda en sí misma y por tanto, podemos encontrar refugio en ella; no es necesario que sea siempre un hombre oriental amarillo con una túnica dorada el que sirva para este propósito. La práctica de Tara es apta para cualquiera y trae consigo grandes beneficios. Puede servirnos para crear una conexión con esta deidad iluminada y eternamente presente; para encontrar en ella alguien en quien refugiarnos y a quien rezar, alguien que inspire nuestras vidas y toque nuestros corazones.

También la práctica de Vajrayogini posee unas cualidades extraordinarias, pero no es adecuada para todo el mundo porque requiere muchos votos y compromisos diferentes que pueden resultar complicados. Afortunadamente, tenemos un buen número de prácticas de Tara que se adaptan a las necesidades de cada persona. A continuación, explicaré brevemente algunas de ellas con la esperanza de que puedan ser de utilidad.

Estas prácticas requieren la visualización de varios elementos. En primer lugar, debemos visualizar a Tara, pero no como un dibujo o un espejismo, sino como un ser iluminado y capaz de guiarnos; un ser lleno de sabiduría y compasión. Del mismo modo, es necesario explicar que, en el budismo tibetano, todo lo que existe está asociado a distintos colores. Por ejemplo, cada uno de los elementos tradicionales de tierra, agua, fuego, aire y espacio se asocia a un color concreto; mientras que otros se relacionan con los estados de la mente. Así que también debemos visualizar dichos colores con sus correspondientes elementos en su forma pura, completa y no contaminada. Finalmente, para llevar a cabo la práctica imaginaremos los colores en forma de luz y líquido, emanando directamente desde Tara para revitalizarnos y protegernos por completo

1. Sanar los elementos

A través de Tara podemos aprender a sanarnos, lo que requiere que sanemos también los elementos. Pero, ¿por qué? Bien, lo primero que debes preguntarte es: ¿Qué significa estar vivo? Estamos vivos porque la mente o la consciencia permanece en el cuerpo físico. Por lo tanto, consideramos que hay vida siempre que la mente y el cuerpo físico estén sincronizados, y llamamos muerte a la desconexión entre ambos. Llevar una vida sana depende de ésta sincronización, por eso es necesario que tanto la mente como el cuerpo estén bien equilibrados. Una mente sana es una mente equilibrada. Si ésta pierde su equilibrio, o bien enloqueces, o bien te conviertes en un vegetal. Del mismo modo, también el cuerpo necesita estabilidad.

Según la Medicina Oriental, el cuerpo se compone de cinco elementos: tierra, agua, fuego, aire y espacio. La tierra representa los huesos y la carne; el agua, los líquidos corporales; el fuego controla la digestión; el aire se asocia a la energía que hace circular la sangre, el oxígeno y el sistema nervioso; por último, el espacio se necesita dentro del cuerpo humano por la sencilla razón de que, sin él, todo quedaría aplastado.

Pero estos elementos también tienen un componente emocional, de modo que si se desequilibran, podemos tener problemas que afecten no sólo a nuestro cuerpo sino también a nuestra mente:

 —El espacio está relacionado con la sensación de amplitud. Si se desestabiliza, nos hará sentir oprimidos y atrapados en nuestro propio pensamiento.

 —El aire se asocia al funcionamiento de la mente, así que un desajuste en este elemento puede hacernos sentir inestables o excesivamente nerviosos; sin embargo, cuando está equilibrado, nuestra mente se vuelve curiosa y flexible, y somos capaces de captar nuevas ideas y formas de pensar.

 —Si el elemento de fuego se desestabiliza, nos conduce a actuar de manera impulsiva; pero cuando se encuentra en buen estado, fortalece la voluntad y nos permite enfrentarnos a nuestras tareas con pasión e inspiración.

—Un elemento de agua saludable nos ayuda a calmar las emociones; de lo contrario, nos sentiremos susceptibles y emocionalmente turbulentos.

— Un elemento de tierra sano, nos ayuda a mantener los pies en el suelo.

A través de la práctica de Tara para curar nuestros elementos, aprendemos a visualizar y trabajar las energías que afectan a su equilibrio. Para ello, visualizaremos una luz de colores que emana hacia nosotros directamente de Tara y renueva cada uno de nuestros elementos con la esencia de la inagotable vitalidad. La luz dorada se asocia con la tierra; la blanca y opalescente, con el agua; el fuego es una la luz roja y anaranjada, parecida al brillo del metal fundido; el aire, es de color verde esmeralda y por último, el espacio se asocia al azul zafiro.

Debemos visualizar estos colores fluyendo de Tara. Cada luz recoge la esencia de su elemento y se extiende hacia los rincones más remotos, llegando a alcanzar el universo. Nos concentrarnos en esta luz e imaginamos un líquido de colores similares llenando nuestro cuerpo por completo y rejuveneciendo todos nuestros elementos, uno por uno.

Tara Blanca. Tibet, siglo XIX, Gelug y linajes budistas, pigmentos minerales sobre algodón. Museo de Arte Rubin, número de catálogo: 542 | www.himalayanart.org

2. La práctica de los seis escudos de Tara.

Se trata de una práctica muy útil y beneficiosa que podemos utilizar para eliminar obstáculos y protegernos de influencias dañinas, tanto a nosotros mismos como a nuestros allegados. En esta práctica, visualizaremos escudos de luz de diferentes colores que irradian de Tara y nos rodean en esferas concéntricas de protección a nosotros y a nuestros seres queridos. Estos escudos transforman nuestra neurosis en su auténtica esencia: la sabiduría, y la convierten en una energía útil y poderosa que nos eleva y beneficia a todos y todas.

El primer escudo es blanco y no sólo sirve para mitigar las dificultades, sino también para purificar los errores. El siguiente escudo está compuesto por una luz dorada, trae prosperidad y desarrolla nuestras buenas cualidades. El escudo de luz roja nos da poder, nos ayuda a sentirnos capaces de hacer más cosas y a tener confianza en nosotros mismos. El escudo azul no sólo nos aporta las cualidades airadas que necesitamos para decir «no» cuando tenemos que hacerlo, sino que también nos otorga el poder discriminatorio de la destrucción, siempre y cuando resulte necesaria; lo que nos recuerda que ser compasivo no es sinónimo de ser pasivo como un felpudo. Por otro lado, el escudo verde sirve para diversos fines y para lograr poderes, tanto supremos como mundanos, que se necesitan en el camino a la iluminación. Finalmente, el último escudo está formado por una luz de color parecido al óxido y nos ayuda a estabilizar todas las cualidades anteriores; resulta absolutamente imprescindible porque es imposible desarrollarse espiritualmente sin tener estabilidad.

3. Protección de los ocho miedos.

Tara también puede ayudarnos a aprender cómo protegernos de los ocho miedos. No se trata de los miedos comunes que compartimos con la mayor parte de seres humanos: como el miedo a los animales peligrosos, a las pesadillas, a las enfermedades o a la muerte, en última instancia.

En esta práctica utilizamos el poder del mantra de Tara: «Om Tare Tutare Ture Soha». Om representa el cuerpo, la palabra y la mente iluminada de Tara. Tare significa «aquella que libera del sufrimiento» y Tutare «aquella que libera de los ocho miedos». Ture se interpreta como «aquella que libera de la ignorancia con sabiduría y trae consigo el auténtico cese del sufrimiento». Por último, Soha quiere decir «que el significado de este mantra arraigue en mi mente». Este mantra se utiliza para superar los ocho miedos del practicante espiritual, que son:

  • El león del orgullo: como rey de la jungla, el león menosprecia a los demás y no escucha los consejos de nadie. Del mismo modo, el orgullo nos aísla de la ayuda y nos mantiene encerrados bajo control de la ignorancia.
  • El elefante de la ignorancia: se trata de una metáfora en la que el elefante representa la ignorancia. Pero no es un elefante cualquiera, sino uno salvaje y ebrio que no dudaría en pisotear a cualquiera que se ponga en su camino. A esto mismo nos conduce la ignorancia.
  • El fuego de la ira: avivado por el viento de las malas conductas, las cuales, a su vez, son causadas por el elefante de la ignorancia.
  • La serpiente de la envidia: como una serpiente entre las sombras, la envidia se esconde en la oscuridad de la ignorancia. Cuando vemos a otras personas a las que les va mejor que a nosotros, la serpiente nos ataca y nos envenena. A partir de ese momento, transmitimos ese veneno a otras personas en cuanto tenemos ocasión.
  • El ladrón del punto de vista erróneo: ¿Qué hace un ladrón? Roba nuestros objetos de valor. De manera similar, el punto de vista erróneo roba nuestras oportunidades de hacer progresos en el camino espiritual.
  • Las cadenas de la tacañería: todo el mundo concibe la generosidad como algo positivo; bien, la tacañería es justo lo contrario. Nos ata, impidiéndonos actuar de manera positiva y nos mantiene irremediablemente atrapados en el samsara.
  • Las aguas del apego: el apego funciona como un río violento y caudaloso. Nos retiene atrapados en la corriente del samsara, alejándonos cada vez más y más de las orillas de la liberación.
  • El fantasma de la duda: los fantasmas suelen actuar de noche. Del mismo modo, la duda actúa en la oscuridad de la ignorancia; nos asusta y nos confunde, obstaculizando nuestro camino hacia la libertad.

Al usar el poder del mantra de Tara, meditamos sobre cada uno de estos miedos y su respectivo antídoto:

  • Contrarrestamos el orgullo reconocimiento humildemente que no lo sabemos todo. El hecho de que no seamos capaces de nombrar todos los huesos de nuestro cuerpo, podría constituir un buen ejemplo.
  • La ignorancia se vence gracias a la sabiduría que reconoce la vacuidad. Hasta entonces, únicamente podremos hacer uso de la consciencia plena para ser cada vez más capaces de ver las consecuencias nuestras acciones.
  • La paciencia es el antídoto de la ira. También puede servirnos para rastrear la fuente de la que procede y así, nos ayude a ver el disparate que suele causarla.
  • La envidia se puede combatir con la compasión. Mediante un análisis detallado, seremos capaces de reconocer que todos los seres comparten el mismo deseo de ser felices. De este modo, en vez de resentimiento, podremos encontrar júbilo en la felicidad del prójimo.
  • El punto de vista erróneo puede combatirse al comprender que nuestras acciones tienen consecuencias. Las acciones negativas sólo traerán consigo nuestro propio sufrimiento, mientras que las acciones positivas nos darán paz y alegría.
  • Podemos enfrentarnos a la tacañería practicando la generosidad. Quizás pueda resultar obvio, pero requiere comprender que lo primero que hay hacer para poder llevar esto a cabo es empezar por ser generosos con nosotros mismos. Cuando meditemos sobre el hecho de que la tacañería, en realidad, roba nuestra alegría y nuestra capacidad de apreciar la vida, podremos practicar la generosidad.
  • El apego puede superarse si se comprende la naturaleza transitoria de la realidad.
  • Finalmente, la duda se resuelve mediante la fe inteligente: fe en las enseñanzas que desarrollamos haciendo un examen personal y poniendo a prueba lo que hemos aprendido. Como dijo Buda, deberíamos analizar cada una de sus enseñanzas como si fuéramos a comprar una pieza de oro.

Tara Verde. Tíbet, siglo XVIII, pigmentos minerales y pan de oro sobre algodón. Museo de Arte Rubin, número de catálogo: 672 | www. himalayanart.org

Buscar orientación fiable

Es importante que incluyamos el principio femenino en nuestra práctica, porque perfeccionando únicamente el aspecto masculino no seremos capaces de alcanzar la iluminación. Cuando dicho principio se ha desarrollado por completo dentro de un individuo, se conoce como «luz clara» y podría explicarse como la capacidad de percibir la vacuidad de forma directa. Del mismo modo, cuando el aspecto masculino se desarrolla por completo, recibe el nombre de «cuerpo ilusorio». La combinación de ambos aspectos es lo que llamamos «unión»: unión de la mente y el cuerpo iluminados, de la verdad absoluta y relativa que constituye el culmen de nuestro desarrollo y que nunca podremos alcanzar si perfeccionamos un aspecto sin el otro.

Hoy por hoy, alcanzar la iluminación puede parecer imposible, pero la oportunidad de ayudarnos a nosotros mismos y desarrollar los principios que representa la práctica de Tara es algo que ya está al alcance de nuestra mano. Por supuesto, existen más prácticas como estas. Lo que acabo de presentar aquí no son más que sencillas descripciones, pues mi principal objetivo era demostrar la importancia del principio femenino en el budismo y las posibilidades que tenemos para integrarlo en nuestro viaje espiritual.

Si alguna persona estuviera interesada en llevar más allá la búsqueda del aspecto femenino, le recomendaría buscar una fuente de orientación fiable para continuar con su formación. Por suerte, hoy en día contamos con numerosos recursos como libros y maestros cualificados, que nos pueden ofrecer explicaciones más detallas de lo que se puede conseguir gracias a la práctica de Tara.

Lecturas recomendadas

  • Tara: la manifestación femenina de la divinidad, BokarRimpoché. Edicitorial CHABSÖL.
  • Female Buddhas: Women of Enlightenment in Tibetan Mystical Art, by Glenn H. Mullin and Jeff J. Watt (Clear Light Books). [Budas femeninos: Mujeres iluminadas en el arte místico tibetano. Glenn H. Mullin y Jeff J. Watt. Editorial Clear Light Books.]
  •  In Praise of Tara, by Martin Willson. (Wisdom Publications). [Alabanzas a Tara, Martin Willson. Editorial Wisdom Publications]
  • The Tara Box: Rituals for Protection and Healing from the Female Buddha, by Gehlek Rinpoche, with Brenda Rosen. New World Library [La caja de Tara: rituales del buda femenino para curar y proteger, GelekRinpoche y Brenda Rosen. Editorial New World Library.]

Traducido del inglés por Diego Medina

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RETIRO ARTE Y DHARMA EN CATALUÑA

[En español, debajo]

INFORMACIÓN EN ESPAÑOL

Retiro LAB ART, DHARMA Y NATURALEZA

Días 1 y 2 de abril, 2017

Centro Samye Dechi Ling, La Fradera, Sta. Coloma de Farners

Organizado por la Comisión de Arte y Dharma de Sakyadhita

PROGRAMA

Sábado, 2 de abril

11h30-12h: Llegar a la Fradera (tomar un té, asignar habitaciones, etc.)

12h-12h30: Presentación del retiro y del grupo, y primera meditación

de 15 ‘ 12h30-13h30: Trabajo en el exterior con los sentidos, percepción y contacto con el entorno natural

13h30-14h30: Cocina consciente (preparación de las comidas)

14h30-15h30: Comida

15h30-16h30: Tiempo personal y libre

16h30-17h30: Trabajo en el exterior con los sentidos (continuación)

18h-18h30: Merienda

18h30-19h30: Taller de poesía (Haikus, Therighata)

19h30-20h: Meditación sentada y / o ayudar preparación cena

20h-21h30: Cena

21h30: Círculo de reflexión e intercambio de experiencias

Domingo 3 de abril

9h: Desayuno

10h-11h: Paseo consciente por el entorno de la Fradera

11h30-12h30: Cuerpo y formas con la naturaleza

12h30-13h: Meditación sentada en el exterior con los sonidos del entorno

13h: Preparación comida

14h: Comida

15h30: Cierre del retiro

La aportación por el retiro es de 40 € por habitación individual y 37 € por persona en habitación doble.

Hay que hacer reserva previa de 20 € hasta el 25 de marzo. Ingreso a la Fundación Rokpa: La Caja 2100-3716-16-2100351580 indicando su nombre y retiro Art-Dharma.

Hay que llevar sábanas, funda de almohada, toalla, linterna, cojín de meditación y alfombra.

Desde Barcelona se puede llegar a Sta. Coloma de Farners en autobús con la compañía TEISA, C / Pau Claris, 117. Se tarda en llegar 1 hora y 10 minutos. Desde Sta. Coloma de Farners os pasarían a recoger o podemos reservar un servicio de taxis.

Información de contacto: Rosa Borge (galaxyosa@gmail.com)

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TARA, LA PRIMERA FEMINISTA. Por Lama Tsultrim Allione

 «Tara Verde sentada», siglos XVII–XVIII. Museo Metropolitano de Nueva York. Disponible para propósitos académicos según los términos OASC.

Lo primero que me viene a la mente cuando pienso en mujeres y budismo es el juramento de Tara. Esta historia, que describe perfectamente nuestra situación tanto pasada como presente, se originó cuando el budismo Mahayana y el tantra comenzaban a unirse, dando lugar a lo que más adelante se conocería en la India como Vajrayana.  Es un relato muy representativo dentro de una serie de narraciones que aparecieron con posterioridad y que hablan de poderosas mujeres que supieron hacerse valorar dentro del budismo. Muchas de ellas, surgidas en la India en torno al 700–800 e. c., nos dan una idea de lo que estaba ocurriendo en aquel momento tanto desde el punto vista social, dentro de la cultura, como con respecto al propio desarrollo del Vajrayana. Es decir, durante ese período y por primera vez en la historia del budismo, las mujeres fueron maestras de los hombres. Así mismo, también aparecieron las primeras budas y el principio femenino de sabiduría, el cual había comenzado a tomar forma con Prajnaparamita, «Madre de todos y todas las Budas», en el período Mahayana.

La historia cuenta que Tara era una princesa llamada «Luna de sabiduría», muy entregada al dharma y que practicaba la meditación profunda. Cuando estaba a punto de alcanzar la iluminación para el beneficio de todos los seres, un monje se le acercó y le dijo que era una lástima que hubiera renacido en un cuerpo de mujer, pues tendría que regresar como hombre antes de poder iluminarse. La princesa, demostrando su comprensión de la vacuidad y la verdad absoluta, le respondió con brillantez: «Aquí no existe el hombre, ni existe la mujer; no existe el yo, la persona, ni la conciencia; es vano calificar de “masculino” o “femenino”. Oh, cómo se engañan a sí mismos los necios mundanos». Taranatha, Origen del Tantra de Tara (Origin of the Tara Tantra).

Entonces, la princesa continuó hablando y pronunció este juramento: «Son muchos los que quieren alcanzar la iluminación suprema en un cuerpo de hombre, pero pocos los que desean obrar por el bien de todos los seres en un cuerpo de mujer. Hasta que este mundo quede vacío, yo velaré por el beneficio de todos los seres conscientes, en un cuerpo de mujer».

Desde aquel entonces, la princesa se dedicó enteramente a la búsqueda de la completa iluminación y, una vez cumplió su objetivo, fue conocida como Tara, la Liberadora. Es por este motivo que me gusta decir que Tara fue la primera «feminista», y que Tara la Verde es la líder espiritual del Partido Verde, guardiana del bosque, que obra con prontitud y es compasiva, que tiene un pie en este mundo y otro en la meditación; el punto donde nos hallamos muchas personas.

Como budista, no pienso en mí misma en función de mi género, trato de evitar tales concepciones y reposar en el fundamento del ser, el auténtico estado de vacuidad nonata e incesantemente luminosa. No obstante, también me he unido al compromiso de hacer resurgir la sagrada forma femenina en la tradición budista, y no veo ningún conflicto o disonancia entre ambos enfoques. Dicho compromiso se ha materializado en Tara Mandala, un centro de retiro en el sur de Colorado. Allí hemos construido un templo mandala de tres pisos dedicado a las veintiuna Taras que representan todos los diversos aspectos de la iluminación femenina. Su interior alberga estatuas doradas de las mismas, hechas a tamaño natural y situadas en círculo en la planta baja; de forma parecida a los antiguos templos de diosas de la India.

Al proceder de una familia de mujeres que lograron sus metas y que fueron respetadas y valoradas como cualquier hombre, nunca tuve la sensación de que hubiese algo que una mujer no pudiera o no debiera hacer. Así que, cuando comencé a estudiar con los tibetanos en 1967, no tenía especial conciencia sobre los prejuicios derivados del género. En febrero de 1970, después de haber sido ordenada en Bodhgaya, por Su Santidad el Decimosexto Karmapa, comencé mi vida como monja budista. Durante muchos años viví feliz, ignorando las desigualdades históricas entre monjes y monjas, debido a la falta de traducciones disponibles.

Yo había sido ordenada sramanerika (getsulma en tibetano) o novicia, con sólo 36 votos, y no supe hasta más adelante que Buda había establecido normas adicionales de disciplina para la ordenación completa de una mujer. Según algunas tradiciones del Vinaya, existen 311 votos para ordenar íntegramente a mujeres bhiskunis o gelongma, en contraste con los 227 votos de los hombres que se convierten en bhikshush. Muchos de estos votos adicionales tienen que ver con la subordinación de las mujeres respecto a los hombres.

Según los relatos en el Vinaya, Buda Gautama se negó a admitir a mujeres en la orden monástica en varias ocasiones, aunque terminó por acceder debido a las constantes peticiones de su madrastra Mahaprajapati, así como a la fuerte intervención de su primo Ananda en favor de ésta. Mahaprajapati no era una mujer cualquiera que quisiera convertirse en monja, era su tía, la persona que le había cuidado desde que su madre muriera poco después de nacer él. Se dice que cuando Buda abrió la sangha a las mujeres, hizo que estuvieran subordinadas a los monjes y que su ordenación fuera más complicada. Además, presuntamente, también predijo que admitirlas en la sangha acortaría quinientos años la vida de la misma. No obstante, no se conoce con certeza si estas narraciones son históricamente ciertas o si han sido escritas por monjes patriarcales y androcéntricos, como sugieren algunos y algunas expertas.

En favor de los maestros que tuve durante mis primeros pasos como monja, diré que en ningún momento percibí tendencia misógina alguna y estaba totalmente segura de que llegaría a tener acceso completo a las enseñanzas en cuanto estuviera preparada para dar el siguiente paso. Mi primer despertar al sexismo dentro del budismo llegó cuando, en 1973, asistí una serie de iniciaciones de tres meses, dirigida por Dilgo Khyentse Riponché, en Tashi Jong, cerca de Dharamsala. Cuando Ani Jinpa, una monja holandesa, y yo estábamos buscando un sitio para sentarnos, nos ordenaron tomar asiento detrás de todos los monjes, incluyendo a los pequeños e inquietos monjes de seis años que aún no sabían leer. En aquel momento, me sentí decepcionada con la religión que acababa de adoptar. Durante tres meses, nos sentamos en la parte de atrás del templo, apretujadas entre los pequeños monjes y el incesante parloteo de los laicos que estaban rodeados de sus hijos; lo cierto es que este hecho me hizo pensar.

Ese mismo año decidí quitarme el hábito, no a causa del sexismo que observé dentro del budismo, sino debido a que no veía un futuro para mí como monja; yo era, de hecho, la única monja budista de la tradición tibetana en toda América, donde trataba de vivir y estudiar con Chögyam Trungpa. Llegado cierto momento, le pedí un texto relacionado con el principio femenino en el budismo y él me entregó un volumen tibetano sobre Prajnaparamita. Nunca llegué a sacarle partido a este libro, pues en seguida me convertí en madre de tres hijos.

Comencé a estar realmente interesada en buscar historias sobre mujeres dentro del budismo tras perder a mi hija Chiara, en la primavera de 1980. Era la melliza de Constanzo y falleció con dos meses a causa del síndrome de muerte súbita del lactante. Tras su muerte, sentí la profunda necesidad de encontrar historias sobre mujeres dentro de mi tradición, de conocer sus vidas; las biografías de hombres no me servían de ayuda. Apenas pude encontrar ninguna, y en las pocas referencias que hallé dentro de Los cien mil cantos de Milarepa (The Hundred Thousand Songs of Milarepa), leí cosas que me negué a creer. Como, por ejemplo: «Debido a mi karma impío, me fue entregado este cuerpo inferior de mujer».

Lama Tsultrim Allione junto a sus hijas Sherab y Aloka en 1978.

En 1981, viajé a la India y Nepal en busca de biografías de ilustres mujeres del Tíbet que fueran practicantes del budismo, y esta investigación condujo a mi primer libro: Mujeres de sabiduría (Women of Wisdom). Mientras lo escribía, recorrí ambos países preguntando sobre historias de mujeres iluminadas. Un día, al observar la cara perpleja de un monje tras escuchar mi petición, le expliqué con más detalle qué era exactamente lo que estaba buscando, a lo que me contesto: «Ah, ya entiendo. Lo que buscas no son relatos sobre mujeres, sino biografías de dakinis». Fue en ese momento cuando me di cuenta de que, siempre que una mujer alcanzaba la iluminación, se daba por hecho que debía haber sido una dakini especial (la encarnación femenina de la sabiduría) y no una mujer corriente, pues esta última nunca podría iluminarse. De hecho, en tibetano, la palabra mujer significa «nacimiento inferior».

Finalmente, las historias que logré encontrar me llenaron de fuerza e inspiración. Además, la investigación despertó en mí una conciencia más amplia de la mujer y las dificultades que afronta en todo el mundo. Creo que el restablecimiento del equilibrio entre géneros que está teniendo lugar en estos momentos es, posiblemente, el mayor logro del siglo, y ha sido realmente conmovedor ver cómo este movimiento progresa de diversas formas por todo el planeta. No obstante, aunque en algunos países se están revolucionando las viejas convenciones, en otros se están produciendo represiones reaccionarias.

Los derechos de la mujer, su libertad, seguridad y protección son vitales para la supervivencia de la especie humana. ¿Cómo podríamos ser capaces de prosperar si las voces de la mitad de la población no se escuchan ni se valoran? Voces de mujeres que, en su inmensa mayoría, han defendido la no violencia, la paz y la protección de esta tierra a lo largo de la historia. A pesar de que muchos países han puesto en marcha políticas nacionales coherentes en favor de la protección y los derechos de la mujer, y que también se están tomando medidas a nivel internacional, resulta evidente que aún existen obstáculos que impiden acabar con la violencia y la discriminación, así como lograr la igualdad de género. De hecho, recientes estadísticas demuestran que dos tercios de la población adulta analfabeta son mujeres, y las tendencias decrecientes se han intensificado debido a la reciente crisis global de carácter económico y social.

A pesar de esto, durante los últimos años se ha generado un movimiento que busca la igualdad de género dentro del budismo. De hecho, el Dalai Lama ha estado haciendo cada vez más y más hincapié en la importancia de contar con mujeres en puestos de liderazgo, dentro de los gobiernos, para hacer que la paz en este mundo sea posible. A su vez, el Decimoséptimo Karmapa ha prometido hacer todo lo posible por reinstaurar la ordenación completa de mujeres en el budismo Vajrayana; así mismo, en la tradición Theravada ya se ha restablecido.

En una conferencia del Dalai Lama para maestros budistas de Occidente, las mujeres llenaron más de la mitad de la sala. Hoy en día, más que nunca, cuando miramos a nuestro alrededor podemos observar una mayor presencia de mujeres en posiciones de liderazgo dentro del budismo, pero aún queda un largo camino por recorrer.

El 22 de Julio de 2010 perdí a mi marido, David Petit, con quien estuve casada durante veintidós años.  David tuvo una muerte especial, seguida de buenos presagios, pero aun así, el hecho de que falleciera de forma repentina a los cincuenta y cuatro años fue un duro golpe. Abatida, me pregunté si sería capaz de escribir esta reflexión, pero mientras le daba vueltas, me di cuenta de lo importante que era expresar el aprecio y la profunda gratitud que siento por lo masculino dentro de la lucha por la igualdad de género en el budismo. David era la encarnación de una poderosa fuerza masculina que, durante los últimos diecisiete años, hizo posible que Tara Mandala se hiciese realidad poco a poco; desde las primeras cabañas y tiendas de campaña, pasando por el espacio comunitario, el edificio residencial y, finalmente, el precioso Templo Tara (Tara Temple). Estuvo junto a mí contra viento y marea, desde el desafío que supuso la creación del centro, hasta los ataques contra mi persona por ser «demasiado feminista» y, en consecuencia, por «no comprender la no dualidad»; me apoyó cuando me enfrenté a la explotación sexual de mujeres por parte de sus maestros y también protegió a las mujeres que acudieron a Tara Mandala.

Ahora, tras su fallecimiento, me doy cuenta más que nunca del papel que juega la energía positiva masculina de cara al equilibrio de nuestro mundo y de lo importante que es la colaboración desde el más profundo respeto a la hora de asentar el budismo en Occidente; no sólo en las relaciones de pareja, sino también con nuestros amigos, familiares, profesores, estudiantes y dentro de la sangha. Considero importante reconocer y valorar a los hombres que participan activamente por traer la igualdad y el equilibrio al mundo budista, así como honrar a las mujeres que han luchado y se han sacrificado por este propósito.

La verdad absoluta sobre la vacuidad del género y la verdad relativa acerca de una históricamente incuestionable actitud misógina en el budismo son dos caras de la misma moneda en la historia de Tara. Su compromiso último de alcanzar la iluminación y regresar siempre en forma de mujer demuestra su comprensión de la realidad absoluta y la consecuente necesidad de que la mujer sea valorada y tratada en pie de igualdad dentro del budismo.


Lama Tsultrim Allione se ha enfrentado al sexismo y a un considerable número de desafíos desde que fuera ordenada monja hace casi cinco décadas. Durante todo este tiempo, el juramento de Tara, de obrar por el beneficio de todos los seres en un cuerpo de mujer, ha sido su fuente de inspiración y guía.

Traducción al español de Diego Medina.

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EL RETO DE SER UNA MISMA

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El blog WOMAN’S SOUL publica una entrada que os recomendamos leer. ¡Sabiduría al alcance de todas! Picha aquí para acceder al artículo.

 

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Próximamente, retiro de ARTE DHÁRMICO

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Desde Sakyadhita Spain tenemos el placer de comunicaros que los próximos días 1 y 2 de abril se realizará un retiro de arte dhármico abierto a todo el mundo en la casa de retiros La Fradera, en Santa Coloma de Farners (Barcelona). En el retiro se ofrecerán actividades y talleres de música, poesía, pintura, cocina consciente y meditación. El retiro se extenderá a lo largo de todo el sábado y de domingo por la mañana, con noche en La Fradera. A partir del 6 de marzo colgaremos un tríptico con la información completa del retiro. ¡Os esperamos!

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Mujeres y religiones: ciclo organizado por el Ayuntamiento de Barcelona

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El debate social sobre el papel de las mujeres en las religiones pocas veces está protagonizado por mujeres. En este ciclo, que se realizará durante el mes de marzo de 2017, propone un diálogo con mujeres activas y comprometidas con las diversas comunidades y tradiciones religiosas y espirituales que hay en Barcelona, intentando comprender a partir de su experiencia un fenómeno que, a menudo, se nos presenta repleto de contradicciones.

En cada sesión, dos mujeres de religiones diferentes conversarán sobre los diversos aspectos que conforman su vida espiritual y comunitaria, así como sobre su compromiso con el mundo que las rodea. También habrá una fila cero con participación de mujeres de otras tradiciones.

Colabora: Oficina de Asuntos Religiosos. Área de Derechos de Ciudadanía, Participación y Transparencia. Ajuntament de Barcelona.

Sigue y comenta este ciclo con #DonaReligions

Actividades en las Bibliotecas

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Yasodhara, primera parte de una genealogía de mujeres budistas

Adriana Etsuho, practicante de soto zen en Argentina, inaugura con este artículo sobre Yasodhara publicado en su blog “Mujeres budistas sin vueltas” una serie de documentos sobre mujeres que desempeñaron un papel relevante en la historia del Budismo. ¡Os animamos a que le echéis un vistazo!

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